15 de enero de 2018

¡Divina libertad!

Por ti, por mí
por mí trasnochas y dejas tu juventud atrabancada,
por ti me embriago y dejo mi sobriedad madura acobardada,
y permanecemos en vela contando historias dulces, amargas, saladas
hasta que la luna dorada es tragada por el mar.

Siguiendo tu libre albedrío
siguiendo mi libre albedrío
me fío de tus ojos de tierno felino
te fías de mis ojos hambrientos de jaguar tibio.
Amo tu libertad, amas mi libertad.

Libertad que sale a caminar con las formas oscuras para iluminarlas.
Cuando tú te fuiste, yo ya me había ido
cuando tú vas, yo ya fui y vine
cuando tú llegas, yo estoy por irme
cuando yo nací, tú no habías nacido
cuando al fin nos encontramos, tú levantas el rostro, yo levanto el rostro
me reconoces, te reconozco.

Murmullo divino de plumas de lechuza y halcón al viento.
Abrazos vehementes, besos de mujer de miel, caricia tierna de hombre de fuego
encuentro cercano de pieles y roces del alma sedienta de amor
fluyendo, nadando, cantando, bailando, amando
al alba sentados dentro de la vasija del universo
mirando lo fugaz de lo bello.

Sobre la orilla de la playa caminamos tomados de la mano
yo suelto, tú sueltas,
soltamos lo que pesa
entregamos al mar la sangre acalambrada,
los fluidos excesivos de la noche más amada.
Un beso quieto, cálido, limpio, breve, el último quizá.
Yo camino al norte, tú caminas al sur… ¡Divina libertad!
Anakoreta de la Luna