Por ti, por mí
por mí trasnochas y dejas tu juventud
atrabancada,
por ti me embriago y dejo mi
sobriedad madura acobardada,
y permanecemos en vela contando
historias dulces, amargas, saladas
hasta que la luna dorada es tragada
por el mar.
Siguiendo tu libre albedrío
siguiendo mi libre albedrío
me fío de tus ojos de tierno felino
te fías de mis ojos hambrientos de
jaguar tibio.
Amo tu libertad, amas mi libertad.
Libertad que sale a caminar con las
formas oscuras para iluminarlas.
Cuando tú te fuiste, yo ya me había
ido
cuando tú vas, yo ya fui y vine
cuando tú llegas, yo estoy por irme
cuando yo nací, tú no habías nacido
cuando al fin nos encontramos, tú
levantas el rostro, yo levanto el rostro
me reconoces, te reconozco.
Murmullo divino de plumas de lechuza
y halcón al viento.
Abrazos vehementes, besos de mujer de
miel, caricia tierna de hombre de fuego
encuentro cercano de pieles y roces
del alma sedienta de amor
fluyendo, nadando, cantando,
bailando, amando
al alba sentados dentro de la vasija
del universo
mirando lo fugaz de lo bello.
Sobre la orilla de la playa caminamos
tomados de la mano
yo suelto, tú sueltas,
soltamos lo que pesa
entregamos al mar la sangre
acalambrada,
los fluidos excesivos de la noche más
amada.
Un beso quieto, cálido, limpio,
breve, el último quizá.
Yo camino al norte, tú
caminas al sur… ¡Divina libertad!
Anakoreta de la Luna