Mar adentro en el olvido,
rezongando de la transparente mirada de tus ojos,
me he internado en la tibia luz crepuscular
te encuentro fugaz, velado por el manto silencioso del tiempo,
Te he vuelto a mirar después de vivir un siglo, pequeño e irreverente
vuelvo a sentir profundo como un niño frente a la luna,
niño que te encuentro, niño que te veo,
niño-hombre-lechuza que acecha por las noches el sueño de la vida,
Te he buscado en mil rostros, en mil cuerpos,
he caminado siglos descalza, cegada con vendas de polvo viejo
he sangrado mis alas para darte vida, hombre que te estoy amando,
hombre que te estoy buscando en el fondo de mis ojos,
¿Se fue al norte o se fue al sur?
viajero incansable a dónde vas que valgas más
regresa a casa que te espera la eterna noche silenciosa,
regreso a casa cansada de andar, de buscar y no encontrar.
Volver a ser de repente tan frágil como un segundo
inundado de recuerdos que ayer sólo fueron humo,
en el calor de tus brazos me refugio para no morir,
y te arrullo en mi vientre de tierra para verte llorar,
soñar, amar... ¡para verte volar!