y de pronto ya no hay por quien llorar
en quien pensar
a quien recordar
en quien inspirarse para escribir susurros de miel, de hiel
Él volvió casado, ella se murió de amor...
de pronto los ídolos de piedra se hacen pedazos
polvo del polvo
máscaras pulverizadas que dejan ver sus verdaderos rostros
¿Qué es lo que impide a mis ojos ver la verdad?
¿Se puede morir de amor?
¿cuál es la verdad?
caída tras caída sobre la misma piedra
¿cuántas vueltas más para entender?
¿cuántas más para aprender?
Nunca más volveré a ver a la que murió de amor...
y de pronto no hay un rostro para adorar
solamente yo quedo
flotando en esta tibia soledad
abrazándome, acompañándome, amándome...
Anacoreta de la Luna